viernes, 21 de mayo de 2010

Día 3: Chicago

Hoy fue un día sin mañana, me desperté temprano para ir a ver a Frank. Pero coño! que no hay agua! como que no hay agua? pues que no hay agua en todo el hostal... oiga no me joda, que huelo a choto de hace una semana... pues hasta las 2pm, no hay agua... reparaciones (traducción cortesía del corte inglere). Cojo la Brown line (y nada de coñas! era la brown line) y a recorrer chicago en highline hasta las dos. A la segunda vuelta al Loop, te empiezas a mimetizar con el entorno, con la fauna que habita los intersticios de lo construido. Yo  me quedo muy quieto en una esquina del vagón, que más que un vagón de metro parece el de un circo ambulante. Ahora que la tribu convive en perfecta armonía. Por un lado, los negratas, que en realidad son unos currelas como otro cualquiera, lo que pasa es que les gusta ir de tíos duros. Pero ja! debajo de tanta superioridad y misticismo, puede verse el mandíl de lavaplatos o el pantalón de aparcacoches. Un tipo de Microsoft, se sienta al lado mio, lo se porque le cuelga una tarjeta muy mona, que dice Microsoft, Chris Bealy.... me pregunto si no debería tener mas cuidado de ir mostrando todos los datos así alegremente, pero no parece preocupado, asi que.... pasando el loop, por tercera vez....


Una vez duchado nos vamos a ver a Frank, a su casa y estudio. Tengo que decir, que alguno mitos se me han roto en este viaje, y uno de ellos es que por una parte Frank Lloyd Wright, no era un mujeriego vivalavida, como se le muestra muchas veces. Tuvo una larga vida doméstica y familiar. La segunda es que no se plantó en la ciudad y encontró trabajo por lo brillante que era. Su tio, un sacerdote medianamente popular le ayudó a encontrar su primera trabajo en Chicago. Una vez dicho esto tengo que decir, que Wright es absolutamente brillante.


La casa-estudio está cerrada, lo cuál mina nuestra mora sobre manera. Pero no nos iba a importar porque decimos volver al alba del día siguiente. Tomamos alguna valiosa información y volvemos por donde vinimos. Desde Oak Park, nos movemos ráudos al campus del ITT, queremos ver si encontramos a Mies y a Rem por allí antes de que se vayan a dormir la mona.


No solo llegamos a tiempo, sino que poniendo cara de no haber roto un plato, nos colamos dentro. Viendo los trabajos de arquitectura del ITT, expuestos en el interior, me da un cierto coraje a lo William Wallace, de la mierda de escuela que tenemos, y de lo poco que nos aporta. No son mejores que los nuestros me digo, solo que les dejan hacer y le dan todo lo que necesitan. Ver arquitectura dentro de la arquitectura de Mies, también conlleva eso, que el envoltorio es mejor que el contenido. El pabellon es sublime, me sorprende un detalle bajo los ventanales de vidrio, un panel practicable que permite la ventilación de todo el edificio.

De allí a ver a Rem, su edificio bajo los railes del tren, es un decálogo de buena arquitectura contemporánea. El programa interior es extenso, pero la calidad con la que divide, trocea y coloca los espacios interiores es impresionante.De camino al Mies, los dormitorios de Helmut Jahn, muy en la línea de Rem, muy bueno los atrios de distribución.


A la noche, nos pegamos el lujo de tomar una copa de porto, en la planta 89 de la torre Hancock. 6,50$ la copa, la vista de Chicago Iluminada no tiene precio, como tampoco lo tiene, el repertorio de la Jet set local, que habita esos lares a esas horas de la noche.

to be continued...

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